A contratiempo
Hace ya unos meses, cuando todo era diferente, alguien que cenaba una mesa al lado de la mía le decía a su acompañante muy rotundamente: la persona ideal son momentos.No es difícil reconocer que la perfección nos queda lejos, y que no podemos resultar perfectos para nadie siempre, que cada persona tiene sus momentos, sus tiempos. Y cada uno con su tiempo intentará bailar, a su ritmo, una danza personal en la que la próxima pareja de baile corre el peligro de perder un pié, o de marearse y caer después de una pirueta. Unos se resistirán a dejarse llevar y querrán ser ellos los que lleven y otros querrán bailar tangos al ritmo de un tranquilo vals, mientras la pareja de turno va contando: un, dos, cha-cha-chá. Y en el mejor de los casos uno de los dos dirá a tiempo eso de: ¡cambio de pareja! Y todo quedará en un paso en falso.
Una canción de Ana Torroja decía que el amor es como una canción a contratiempo, (añado) que la mayoría de veces nos cruza con buenos bailarines que no bailan nuestro baile, con gente que baila otro baile más antiguo o demasiado moderno o simplemente con personas que disfrutan de bailes que en este momento no nos apetece bailar.
Si reconocer que no podemos ser perfectos es acentuar el tiempo que no toca ¿alguien bailará nuestra danza personal? Y para el que quiera saber más: ¿quién estará dispuesto a enseñarnos sus pasos?


