viernes, agosto 24, 2007

Puntos cardinales

Creer que las personas no somos capaces de cambiar es elección de cada uno, pero decirlo es dar muy pocas oportunidades a quien tenemos delante. A veces, no hace falta ni que nos lo propongamos. Sólo con conocer a alguien ya podemos ser víctimas de cambios que ni nosotros podíamos imaginar. De este modo podemos ver como nuestra amiga, que detesta cocinar, está preparando un buen pescado al horno o se está peleando con un pulpo mientras mantiene una conversación telefónica con nosotros, o como unas vacaciones en las que podría intervenir un vuelo y un buen hotel se convierten en observar cómo llueve des del coche intentando dormir.
De una manera parecida, a lo Maggie Carpenter (Julia Roberts en Novia a la fuga), una canción que se llama Puntos cardinales nos decía:

Yo tuve un amor atlántico
Y me convertí en sirena...

Y tuve un amor lunático
Y me convertí en planeta...

Yo tuve un amor antártico
Y la nieve me esperaba
Noche y día, fría, helada
Pero a mi no me importaba
Porque el hielo conservaba
Nuestro ardor.



Porque cuando conocemos a una persona esas cosas no nos importan mucho. Pero llegados a este punto tendremos que parar un momento y pensar qué cambios somos capaces de asumir y que otras cosas no haremos porque nos perjudican o porque no nos gusta hacer. Las personas cambiamos, nos adaptamos y hasta somos capaces de actuar, pero a veces hay que tener las bambas bien atadas, coger aire y salir corriendo.

martes, agosto 21, 2007

El verano que no fui a Ibiza

La carretera de las decisiones siempre nos lleva a un cruce en el que se nos permite, por lo menos, tomar el camino de la derecha o el de la izquierda. Y en esta disyuntiva, el echo de escoger uno u otro camino nos deja sin ninguna posibilidad (por el momento) de elegir el contrario. Así es como por unas decisiones u otras, tomadas por nosotros mismos o por los demás, en mi caso: éste es el verano que no fui a Ibiza.
Y es que, el verano que no fui a Ibiza empezó siendo el verano que tenía que ir. Todo comienza una tarde de Abril con un mensaje que me despertó y que me pedía verme esa tarde, pronto, después de comer y con una frase, con un tono medio asustado, que me decía al final del día: pero...nos volveremos a ver, no? Sigue con muchos otros mensajes, algún regalo, sonrisas, un hotel, una foto para felicitarme el cumpleaños, un concierto, mil playas por la noche. Miradas, abrazos, te quieros, un viaje y muchas decisiones. Este verano también trae un par de preguntas a las 7 de la mañana (ésto siempre lo explico igual):
- Qué te pasa?
- Nos hemos peleado.
- Pero qué te ha hecho?
- Nada, hacerme, no me ha hecho nada.
A partir de aquí, y como no podría haber pasado de otra forma, otras personas pasan ratos de su verano conmigo y otros lugares se convierten en mi destino. Entre otros: l’Escala y TETE’S, y Menorca con el mar sonando de fondo y como si todo se hubiera quedado parado en el tiempo un año esperando a que volviera. Esta vez me llevo un acento más menorquín y no me importa aceptar que los fantasmas no desaparecen por el simple hecho de cambiar de lugar, pero ya pienso en cómo será el año que viene.
Es verdad que en alguna ocasión podemos pasar por el mismo cruce dos veces pero mientras, viviré lo que me queda del feliz verano que no fui a Ibiza.

jueves, agosto 02, 2007

Mecanismos de autodestrucción

Todos sabemos que las mamás desarrollan un sexto sentido que detecta cualquier estado alterado de las emociones de sus hijos, y del mismo modo nace en ellas el don del oportunismo: que les permite aparecer en el momento justo en el que su hijo o hija se encuentra una situación comprometida. En este florecer de nuevos poderes la mujer que es madre ve las cosas de una manera distinta de cuando no lo era y entonces estar a su lado puede convertirse en una gran experiencia de conocimiento e inspiración. Y es que uno de estos de días de verano después de comer en unos de los mejores restaurantes de los alrededores y pasando un rato entre sol y sombra en la piscina, a una amiga mamá se le ocurrió decir que los niños tienen un mecanismo de autodestrucción. De ahí ese afán por llevárselo todo a la boca o por querer tirarse de la cuna intentando amortiguar el golpe con la cabeza.
Aunque parezca, superficialmente, que con el tiempo la conciencia desactiva este mecanismo de autodestrucción, me pregunto: ¿De mayores también tenemos acceso a ese botón rojo de nuestro sistema? Cada vez que nos dejamos llevar por situaciones que no controlamos y que finalmente salen mal, una relación que no funciona, las drogas, el alcohol, la velocidad, las apuestas desmesuradas, las malas compañias, etc, activan una cuenta atrás, en nuestro organismo, que una mamá a lo Agente 007 no siempre puede detener, es más, nosotros mismos le pediríamos que no lo hiciera para poder repetir y repetir.
La pregunta es: ¿En 5, 4, 3, 2, 1.....todos podemos desconectar el sistema a tiempo?