lunes, abril 30, 2007

El peso de las palabras: Tengo que decirte que te quiero.

Sobre las palabras, a veces, nuestra cultura y el significado que les atribuimos juega en nuestra contra en las ocasiones en las que las queremos utilizar. Es entonces cuando dudamos y no sabemos cuándo, cómo o en qué momento es mejor usar según qué palabras. No sabemos si esperar al lugar oportuno y al momento idóneo o anticiparnos. Y es que ¿existe el momento perfecto para decir por primera vez a alguien, te quiero?
Hace poco me invitaban a una casa un poco por encima de la calle Aragón cerca de Casanova si no recuerdo mal, en la que en ese momento, a parte de mi, había cinco mujeres alrededor de una mesita. En ella había una gran bandeja de fresas y al lado de ésta un recipiente con nata que pasaba de mano en mano, entre risas y guiños. Casi sin pensarlo, la conversación empezó a girar en torno al resultado de la suma de las palabras FRESAS+NATA+SEXO. El ambiente empieza a cargarse y varias veces se dicen, entre ellas, con una sonrisa picarona: ¿jugamos?
Nadie se pregunta si el tema de esa tarde era o no apropiado. Hay quien puede hartarse de usar palabras para decir lo agradables, simpáticos, bonitos, generosos y amables que somos. Usar esas palabras nos cuesta poco, y es que parece ser que en el diccionario de cada uno existen adjetivos o palabras en general que son más fáciles de decir que otras. Hay palabras que fácilmente superan la muralla o la fortaleza que nos separa de la otra persona y de sus pensamientos, pero hay palabras, como armas, que preferimos guardar hasta que nos sintamos seguros de que puedan dar en el blanco sin que la onda expansiva nos dañe o que esperamos a lanzar des de una posición estratégica.
Y es que a las palabras: te quiero, sólo les deberían seguir: yo también te quiero, y hasta no estar seguros de que la cosa saldrá así, ¿mejor no decimos nada?

lunes, abril 16, 2007

¿Cómo se aprende a andar?

La respuesta a esta pregunta no es muy complicada: a andar, como a tantas otras cosas, se aprende andando. Es cierto que influyen otros factores, como por ejemplo los físicos, que hacen que el ser humano se alce sobre sus piernas y camine un pié delante del otro, primero vacilando, cayéndose alguna vez y con poco equilibrio al principio, para después fortalecer los músculos y por último llenar de armonía y hasta estilo su andar. La seguridad aumenta con el tiempo, con cada paso y cada caída, y cada vez más seguros nuestro cuerpo pide más y más: andar de prisa, a la pata coja, dar pasos largos o cortos y rápidos, correr y hasta saltar.
Igual que con el andar, solemos mejorar con tiempo y esfuerzo en muchas cosas, y la cantidad de veces que practicamos esa actividad es directamente proporcional al aumento de la seguridad que mostramos frente a ella, pero eso no nos pasa siempre. Y es que hoy ya no os lo pregunto, hoy afirmo que a más relaciones, más miedo a que todo acabe como las otras, en fracaso.
Parece mentira, pero en el amor a más intentos más fracasos anteriores, y cuando algo empieza otra vez, no nos sentimos más seguros porqué sea nuestro quinto o sexto intento serio de que las cosas vayan bien, si no más bien al contrario. Nos llenamos de dudas, inseguridades, interpretaciones y tenemos cuidado de no dejar que nuestra felicidad llegue a su cenit sin estar seguros de que el terreno sobre el que pisamos es seguro y habrá barandillas para sujetarnos si el suelo resbala.Si la experiencia es un grado en muchos aspectos de la vida, ¿en el amor es una putada?

jueves, abril 05, 2007

¿Realidades adversas o complementarias?

Qué tendrá la soltería que a veces se hace tan y tan irresistible a la par que seductora.
Todos tenemos un amigo o hemos oído hablar de alguna persona, muchas veces gay (por aquello de la ley gay internacional, que se dice) que es incapaz de creer que una persona pueda darle todo lo que necesita.

Cada persona que se cruza en nuestro camino tiene algo que ofrecernos y siguiendo esa convicción, no hace falta que nos ofrezcamos todo el tiempo a una persona. Y si hablamos de tiempo, entiendo que en mi vida en pareja tengo un tiempo útil para ser soltero. Pero, ¿cuándo el tiempo invertido en otros empieza a distanciarnos de la persona que duerme con nosotros? A veces, no tenemos las mismas aficiones que nuestras parejas y dedicamos tiempos distintos a hacer cosas diferentes. Los polos opuestos se atraen pero ¿gustos distintos, igual a camas separadas? ¿Cuándo el tiempo separados durante el día es el tiempo que después nos acaba por llevar a dormir en camas separadas?

miércoles, abril 04, 2007

Buscando una definición

Yo intento que me acepten en el club del amor cerebral. Todo sería mucho más fácil para mi...Soy tremendamente emocional, pero, seguramente menos de lo que parece. Pese a todo, yo no soy un animal sexual, pocas veces la cosa queda ahí. Necesito dejar huella, ése es mi problema. Ésa es mi cruz. No sé si soy víctima de la situación, si me dejo llevar por ella o soy yo quién la lleva. Necesito enamorar y eso lo hace todo mucho más complicado. Mis “yo” pelean constantemente por ganar la partida.

Versión de un fragmento del libro: HOMBRES, material sensible de Joana Bonet.

Política/Humor


Gràcies Esquerra! Amb tu els humoristes estem salvats!


Toni Soler