El peso de las palabras: Tengo que decirte que te quiero.
Y es que a las palabras: te quiero, sólo les deberían seguir: yo también te quiero, y hasta no estar seguros de que la cosa saldrá así, ¿mejor no decimos nada?
Para reflexionar y opinar sobre las cosas de la vida.
La respuesta a esta pregunta no es muy complicada: a andar, como a tantas otras cosas, se aprende andando. Es cierto que influyen otros factores, como por ejemplo los físicos, que hacen que el ser humano se alce sobre sus piernas y camine un pié delante del otro, primero vacilando, cayéndose alguna vez y con poco equilibrio al principio, para después fortalecer los músculos y por último llenar de armonía y hasta estilo su andar. La seguridad aumenta con el tiempo, con cada paso y cada caída, y cada vez más seguros nuestro cuerpo pide más y más: andar de prisa, a la pata coja, dar pasos largos o cortos y rápidos, correr y hasta saltar.
Qué tendrá la soltería que a veces se hace tan y tan irresistible a la par que seductora.
Yo intento que me acepten en el club del amor cerebral. Todo sería mucho más fácil para mi...Soy tremendamente emocional, pero, seguramente menos de lo que parece. Pese a todo, yo no soy un animal sexual, pocas veces la cosa queda ahí. Necesito dejar huella, ése es mi problema. Ésa es mi cruz. No sé si soy víctima de la situación, si me dejo llevar por ella o soy yo quién la lleva. Necesito enamorar y eso lo hace todo mucho más complicado. Mis “yo” pelean constantemente por ganar la partida.