Si hiciéramos una lista de frases que nos pudieran hacer daño, supongo que esta estaría a la cabeza de muchas, o por o menos de las primeras de la lista. Lo pienso, porque parece que pasado el tiempo nuestro subconsciente quiera olvidar lo que sentimos cuando nos la dijeron, y cuando vuelven a decírnosla volvemos a sentirnos igual de vulnerables y dolidos que la primera vez.
Esta es una de esas frases que cierra todas las puertas para sólo dejarnos una abierta. Una frase rotunda y con tanto significado que nos aclara cualquier duda y nos despeja la mente hasta el punto de hacernos captar perfectamente el mensaje.
Cuando alguien (con toda su buena fe) nos dice que sólo quiere ser amigo nuestro, ¿nos intenta consolar con el valor de la amistad?
Supongo que en esos momentos, para nosotros, es un valor tan pequeñito tan pequeñito que casi nos ofende, y por encima de todo nos duele.
Pero eso nos puede llevar a preguntarnos que
¿si, normalmente, todo empieza con la palabra amistad, por qué ahora esa palabra lo acaba todo? Y..¿esa nueva amistad que hemos de empezar tiene las mismas posibilidades que cualquier otra de mantenerse y hacerse más fuerte?
Creo que eso corresponde a el segundo capítulo de todo esto...¿realmente después del amor puede haber amistad?