
La joven nunca estaría sola a cambio de ser de él.
Pobre chica, pronto tendría que abandonar a sus amigos y poco a poco tendría que dejar de hacer las cosas que más le gustaban, para estar todo el tiempo que él requería a su lado. Ya sabía que contradecirlo le costaba demasiados disgustos.
Muchos años pasaron hasta que una estrella bajo del cielo y le dijo a la joven:
- A partir de hoy se te hará posible cruzar las montañas para vivir tres días de la semana en otro lugar, un lugar lejos de aquí en el que no importará lo que ha sido tu vida. Eso sí, has de saber que esta situación no podrás mantenerla para siempre.
Y así fue como la joven sólo tres días a la semana volvía a tener amigas y amigos y volvía a hacer las cosas que más le gustaban. Uno de esos días la chica conoció a un muchacho de ojos oscuros. Con él se divertía, reía, jugaba y conforme el tiempo pasó, algo más que amistad nació entre ellos.
El chico, enamorado, nunca quería separarse de ella, pero ella tenía que desaparecer cuatro de los siete días de la semana. Pasó un tiempo y él no entendía por qué tenía que marcharse y nunca decía nada de dónde iba o qué hacía. Él dijo:
-Ven conmigo, no puedo ofrecerte nada, no sé si nos espera un futuro juntos o no, pero disfrutemos de estos momentos.
Pero la joven escuchó que el muchacho no podía asegurarle que siempre estaría con ella. En ese momento, cerró los ojos, bajó la cabeza y cuando los volvió a abrir todo se había esfumado. Ella estaba en su pueblo con el hombre que la retenía y nunca más podría salir de allí.





