La vida y las estaciones del año

Hablando con una amiga, no hace mucho, surgió el tema de lo desordenada que le parecía su vida últimamente ( ella quería decir durante el verano). Me contaba: que se iba a dormir tarde, que salía casi cada día, etc, una fiesta vamos. Mi amiga me lo decía sintiéndose culpable por eso, y como preocupada. A mí, eso que estaba diciendo, realmente me sonaba bastante, en parte, por que al ser amiga mía en algunas de esas juergas estaba yo también. En cambio, yo pensaba ¿dónde está el problema?
La mayor parte del año nuestras vidas se llenan de horarios, relojes, horas y de un orden establecido muchas veces por otros: de las 17 horas a la 18:30 tal cosa; nota personal: acabar puntual, a las 18.35h me esperan en otra parte. Y así nuestras vidas entran en una espiral que nos hace un poco autómatas, o en todo caso, en un bucle en el que perdemos la libertad de escoger, y son el tiempo y sus horas las que nos dicen en qué lugar y a qué hora. Joana Bonet en uno de sus artículos en La Vanguardia nos venía a decir que a veces nos dejamos llevar por el tiempo sin pensar, y nos explicaba que, por ejemplo, los atunes cada año, en la misma época, vuelven nadando en la misma dirección, y todas las veces caen sorprendidos en la misma trampa que a muchos les cuesta su vida. La escritora advertía:
La lógica del tiempo puede impulsar a nadar sin conciencia y sin memoria, con las preguntas equivocadas.
Ahora que se acerca la rutina del día a día del trabajo, los estudios, las clases, que estamos en pleno apogeo del síndrome pre-laboral o posvacacional, está bien reflexionar sobre el tiempo y en cómo vamos a invertirlo o si únicamente nos dedicaremos a ver pasar los días y las horas atrapados por esa inercia con la que nos empuja el tic-tac.
La mayor parte del año nuestras vidas se llenan de horarios, relojes, horas y de un orden establecido muchas veces por otros: de las 17 horas a la 18:30 tal cosa; nota personal: acabar puntual, a las 18.35h me esperan en otra parte. Y así nuestras vidas entran en una espiral que nos hace un poco autómatas, o en todo caso, en un bucle en el que perdemos la libertad de escoger, y son el tiempo y sus horas las que nos dicen en qué lugar y a qué hora. Joana Bonet en uno de sus artículos en La Vanguardia nos venía a decir que a veces nos dejamos llevar por el tiempo sin pensar, y nos explicaba que, por ejemplo, los atunes cada año, en la misma época, vuelven nadando en la misma dirección, y todas las veces caen sorprendidos en la misma trampa que a muchos les cuesta su vida. La escritora advertía:
La lógica del tiempo puede impulsar a nadar sin conciencia y sin memoria, con las preguntas equivocadas.
Ahora que se acerca la rutina del día a día del trabajo, los estudios, las clases, que estamos en pleno apogeo del síndrome pre-laboral o posvacacional, está bien reflexionar sobre el tiempo y en cómo vamos a invertirlo o si únicamente nos dedicaremos a ver pasar los días y las horas atrapados por esa inercia con la que nos empuja el tic-tac.




